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Una larga Historia de Montaña

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Fotografía: Expedición Chileno-Japonesa a Los Andes Centrales. Gentileza de Claudio Lucero.
 
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Campamento a la entrada del Cajón del Morado, Región Metropolitana.
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Camino hacia la cumbre por el filo del Cerro Lomalarga. Región Metropolitana.
 
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Cruzando el Glaciar del Cortadera, Región Metropolitana.
 
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Parte del equipo de la expedición.
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Avanzando por el circo de cumbres del Cajón del Morado, Región
Metropolitana.
 
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Ascenso al Cerro Cortadera, Región Metropolitana.
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Uno de los campamentos realizados durante la expedición a Los
Andes Centrales.
 
La inexplicable atracción que las montañas ejercen sobre el ser humano lleva cientos de años escribiendo una historia de pasiones. Sueños, deseos de aventura, afán por explorar y ampliar el conocimiento, conexión con lo sagrado, desafío personal, necesidad de ir más allá… diversos son los motivos, pero es un mismo proceso: hombres y mujeres movilizados por sobre sus fuerzas, haciendo lo posible por alcanzar sus cumbres.

Para el mundo occidental el inicio del montañismo como práctica se remonta a 1786, cuando el cientista y aristócrata francés Horace Benoit de Saussure alcanzó la deseada cumbre del Mont Blanc, de 4810 m. Con él se desmitifican las historias asociadas a las altas cumbres y se impulsa con más fuerza la necesidad de explicar y entender el mundo a través de la razón. Con él toma fuerza el “alpinismo” como pasión, disciplina y forma de vida.

Sin embargo, en Sudamérica, y específicamente en Chile y los países andinos, la historia ligada a las montañas y sus cumbres se escribía silenciosamente desde mucho antes. Las altas cimas de Los Andes, tan ligadas a la vida y cultura de los pueblos originarios, venían siendo alcanzadas unos 400 años antes de la simbólica conquista del Mont Blanc.

Por siglos, Los Andes fueron telón de fondo y protección divina de pueblos impresionantemente adaptados a vivir en altura y condiciones adversas. Pueblos que, gracias a su capacidad de observación y conexión con el medio, lograron desentrañar los secretos de la tierra haciendo de Los Andes su hogar y su espacio. Pueblos que conocían y respetaban las altas cumbres considerándolas la fuente desde donde descendía la comunidad.

Aymaras y atacameños, o Likán Antai, se cuentan entre estos pueblos que lograron vivir sustentable y armónicamente en las altas tierras. Pero es la cultura Inca la que mostró un vínculo más fuerte con las montañas, dándoles categoría de oratorios y enterratorios de cuerpos, que posteriormente se transformarían en famosas momias testigos de la cultura a la que pertenecieron.

Es gracias a la extensión del imperio Inca que hoy contamos con tanto vestigio de su cultura y tanta evidencia de su capacidad montañística pese a la precariedad del equipo y vestuario con que contaban. Hasta ahora se han constatado más de 70 sitios considerados santuarios de altura: dos en Bolivia, nueve al Sur del Perú, y los restantes distribuidos equitativamente en territorio chileno y argentino. Todos estos santuarios constituyen rastros indiscutibles de la veneración que rendían nuestros pueblos originarios a los dioses a través de las montañas.

Así, estas culturas conforman lo que es la primera etapa de la historia del montañismo andino, conocida como Pre-Hispánica, la que sin ser deportiva sino espiritual, nos lega un importante precedente de destrezas y cultura de montaña, abriendo posibilidades de acceder a las más altas cumbres.

Una segunda etapa en la conformación de lo que hoy es el montañismo o andinismo en Chile es la Científico-Naturalista. En el siglo XIX se vive una etapa de gran desarrollo y expansión de las ciencias a nivel mundial. Los naturalistas comienzan a realizar viajes a los lugares más remotos con el claro afán de hacer más profuso el conocimiento humano. En este contexto llega a Chile un gran número de científicos extranjeros que recorren el país de Norte a Sur, movilizando gente e impulsando de manera indirecta la práctica del montañismo. Dentro de ellos destacan Charles Darwin, quien recorrió extensamente Chile y cruzó la Cordillera de los Andes en varias ocasiones; el polaco Ignacio Domeyko, quien realizó exploraciones a Los Andes entre 1842 y 1873; y Paul Gussfeldt, quien ascendió el Volcán Maipo en febrero de 1883 en compañía de algunos huasos chilenos.

La tercera etapa de esta historia es la relacionada con los extranjeros residentes y visitantes, etapa en la cual nace la motivación del objetivo deportivo, que se enmarca temporalmente entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Es en esta época cuando se realiza la primera ascensión al Aconcagua, el 14 de enero de 1897, alcanzada por el guía suizo Matthias Zurbriggen. De la misma manera, una serie de montañistas italianos, suizos, polacos y alemanes visitan Chile y realizan las primeras ascensiones de las montañas clásicas de Los Andes Centrales. Dentro de ellos destacan Albrecht Maas, Hermann Sattler y Sebastián Kruckel, quienes ascendieron el Marmolejo en 1928; Matthias Zurbriggen y Stuart Vines, quienes escalaron el Tupungato el 12 de abril de 1897; y Federico Reichert, Robert Helbling y Damasio Beíza, quienes alcanzaron la cumbre del Nevado Juncal en 1911.

El hecho que marca la cuarta etapa del desarrollo del montañismo nacional es la creación de los primeros clubes de montaña en Chile, etapa conocida como del Deporte Organizado. Así como en Europa nacían los primeros clubes en el siglo XIX, en Chile este proceso comenzó a desarrollarse en 1930, cuando Hermann Sattler funda el Club Alemán Andino, y posteriormente el Club Andino de Chile en 1933. Al nacimiento de más clubes en los años posteriores se suma un hito fundamental en 1941 cuando se crea la Federación de Andinismo y Esquí, hecho que impulsa sobremanera la práctica del andinismo en el país.
Paralelamente, grandes expediciones europeas se encuentran tratando de conseguir las primeras conquistas de los ochomiles en los Himalaya, las montañas más altas del planeta, en una no declarada carrera internacional. En 1950 es conquistado el primero, el Annapurna, bajo la bandera francesa en tanto que el 29 de mayo de 1953 es el turno del mítico Monte Everest, alcanzada por el neozelandés Sir Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay, ambos integrantes de una expedición inglesa.

La quinta y penúltima etapa es la denominada del Montañismo Moderno. A principios de la década de los 70, los reconocidos montañistas Claudio Lucero y Gastón Oyarzún viajan a la U.R.S.S. para capacitarse en las escuelas de montaña de ese país, transformándose en los primeros instructores de montaña en Chile. A su regreso hacen historia al crear el 4 de septiembre de 1970 la Escuela Nacional de Montaña (ENAM), dependiente de la Federación de Andinismo. El objetivo de la ENAM es la unificación de técnicas y criterios aplicados, con el fin de formar nuevos instructores y monitores del montañismo en Chile. Se origina también en esta época la asignación de recursos financieros al montañismo, por medio del concurso de pronósticos deportivos Polla Gol, lo que permite que este deporte se masifique e intensifique el espíritu de montaña y la enseñanza de técnicas.

Finalmente, la actual etapa es la llamada Deporte Empresa en la cual los montañistas chilenos sienten la necesidad de desarrollar el montañismo en el mundo. Entendiendo Los Andes como una gran escuela, comienzan a realizarse grandes expediciones al exterior, que cuentan con una gran logística e ingentes sumas de dinero. Durante esta etapa, y gracias a las grandes destrezas y habilidades que ha alcanzado el montañismo nacional, se han conseguido importantes logros como el ascenso al Gasherbrum II en 1979 (8035 m, Claudio Lucero y Gastón Oyarzún), siendo ésta la primera ascensión sudamericana a un ochomil; la conquista del Everest en 1992 por parte de dos expediciones chilenas; el K2, la segunda montaña más alta del mundo, en 1996; el Monte Lhotse, la cuarta montaña más alta del mundo, alcanzada el 2006 por el mayor número de montañistas chilenos en una expedición; entre muchos otros logros.

En esta última etapa, de las 14 montañas más altas del planeta, Chile ha conseguido ascender 9, dentro de las cuales existen algunas repeticiones, como es el caso del Everest, ascendido en total por cuatro expediciones chilenas, lo que da cuenta de la excelencia del montañismo nacional, y augura que la historia del montañismo en Chile se seguirá escribiendo. Y en grande.
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